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Un cuento moral griego

Redacción de Swissinfo

Cuando comenzó la crisis del euro hace media década, los economistas keynesianos predijeron que la austeridad que se imponía a Grecia y a los demás países en crisis sería un fracaso. Predijeron que la austeridad ahogaría el crecimiento y aumentaría el desempleo – y que incluso fracasaría en su propósito de reducir la relación deuda–PIB. 

Otros economistas – en la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y en algunas universidades – hablaron de contracciones expansivas. Incluso el Fondo Monetario Internacional sostuvo que las contracciones, como los recortes en el gasto público, eran solamente eso – políticas contractivas.

Nosotros no necesitábamos realmente una nueva confirmación. La austeridad había fallado reiteradamente, desde que se aplicó durante la presidencia de Herbert Hoover en Estados Unidos y condujo al desplome de la Bolsa en la Gran Depresión – hasta los “programas” que el FMI impuso en Asia y América Latina en las últimas décadas. Aun así, cuando Grecia entró en problemas, se volvió a recurrir a la austeridad.

Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía en 2001. Keystone

Grecia ha seguido en gran medida las reglas dictadas por la “troika” (la Comisión Europea, el BCE y el FMI): convirtió un déficit primario en un superávit primario. Sin embargo y de manera previsible, la contracción del gasto público ha sido devastadora: un 25% de desempleo, una caída del 22% en el PIB desde el año 2009, y un aumento del 35% en la relación deuda–PIB. Y ahora, con la abrumadora victoria electoral del partido antiausteridad, Syriza, los griegos han declarado que están hartos.

¿Qué se debe hacer? En primer lugar, seamos claros: podríamos culpar a Grecia de sus problemas si fuera el único país donde el remedio de la troika ha sido un completo y triste fracaso. España tenía un superávit presupuestario y una deuda baja antes de la crisis, y también se encuentra en depresión. Lo que necesitan Grecia y España no es tanto una reforma estructural, sino una reforma estructural del concepto de la eurozona y un replanteamiento fundamental de las condiciones marco políticas que han llevado al pésimo desempeño de la unión monetaria.

Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía en 2001 y profesor de la Universidad Columbia, encabezó el Consejo de Asesores Económicos durante la presidencia de Bill Clinton y fue vicepresidente y economista jefe del Banco Mundial.

Grecia nos ha recordado una vez más que el mundo necesita un marco de reestructuración de la deuda. Un endeudamiento excesivo causó no solamente la crisis de 2008, sino también la crisis en Asia en la década de 1990 y la crisis en América Latina en la década de 1980. En Estados Unidos, donde millones de propietarios perdieron sus viviendas, el endeudamiento sigue causando sufrimiento indecible y amenaza a millones de personas en Polonia y otros lugares que contrajeron préstamos en francos suizos

Teniendo en cuenta la angustia que causa un endeudamiento excesivo, uno podría preguntarse por qué las personas y los países han llegado en varias ocasiones a semejante situación. A fin de cuentas, las deudas son contratos – es decir, acuerdos voluntarios –, así que los acreedores son tan responsables como los deudores. Es más, podría decirse que los acreedores son incluso más responsables: generalmente suelen ser instituciones financieras sofisticadas, mientras que los prestatarios a menudo están mucho menos familiarizados con las vicisitudes del mercado y los riesgos asociados a los diferentes acuerdos contractuales. De hecho, sabemos que los bancos estadounidenses en realidad 2se aprovechaban’ de la falta de conocimientos financieros de sus prestatarios.

Cada país (avanzado) se ha dado cuenta de que para que el capitalismo funcione, hay que dar a las personas la oportunidad de un nuevo comienzo. Las prisiones de deudores del siglo XIX fueron un fracaso – por inhumanas y porque realmente no ayudaban a garantizar el desembolso. Lo que sí ayudó fue brindar mejores incentivos para buenos créditos, responsabilizando más a los acreedores de las consecuencias de sus decisiones.

A nivel internacional, todavía no hemos creado un proceso claro para dar a los países la oportunidad de un nuevo comienzo. Incluso desde antes de la crisis de 2008, las Naciones Unidas, con el apoyo de casi todos los países en desarrollo y emergentes, ha tratado crear un marco correspondiente. Pero Estados Unidos se ha opuesto rotundamente; tal vez quiere volver a instituir las prisiones de deudores para encarcelar a las autoridades de los países excesivamente endeudados (si es así, puede que se estén desocupando espacios en la Bahía de Guantánamo).

La idea de restablecer las penas de prisión para deudores puede parecer descabellada, pero va en sintonía con las actuales ideas sobre riesgo moral y responsabilidad. Existe el temor de que si a Grecia, se le permite reestructurar su deuda, el país, al igual que otros, se verá nuevamente en problemas.

Todo esto es un disparate. ¿Alguien en su sano juicio cree que algún país estaría dispuesto a pasar voluntariamente por lo que Grecia ha tenido que pasar solo con el objetivo de conseguir ventajas de sus acreedores?  Si existe un riesgo moral, es del lado de los prestamistas – sobre todo en el sector privado – que han sido rescatados en repetidas ocasiones. Si Europa ha permitido que estas deudas se desplacen del sector privado al sector público – un patrón bien establecido durante el último medio siglo – es Europa, y no Grecia, la que debe soportar las consecuencias. De hecho, la difícil situación actual de Grecia, así como la deuda acumulada, se debe en gran parte a los programas equivocados que la troika impuso al país.

Lo “inmoral”, por tanto, no es la reestructuración de la deuda, sino la ausencia de dicha reestructuración. No hay nada particularmente especial en los dilemas que Grecia  enfrenta hoy; muchos países se han visto en la misma posición. Lo que hace que los problemas de Grecia sean más difíciles de abordar es la estructura de la eurozona: La unión monetaria significa que los Estados miembros no pueden devaluar su moneda para salir de los problemas, pero no hay rastro de un mínimo de solidaridad europea que debe acompañar esta pérdida de independencia política.

Hace setenta años, al final de la Segunda Mundial, los Aliados reconocieron que debían brindar a Alemania la opción de un nuevo comienzo. Entendieron que el ascenso de Hitler tuvo mucho que ver con el desempleo (no con la inflación), consecuencia de las ‘nuevas’ deudas que se impusieron a Alemania finales de la Primera Guerra Mundial. Los Aliados no tuvieron en cuenta la sandez con la que se habían acumulado las deudas, ni tampoco hablaron de los costos que Alemania había impuesto a los demás. No solo condonaron las deudas, sino que proporcionaron ayuda y las tropas aliadas estacionadas en Alemania contribuyeron a relanzar la coyuntura.

Punto de vista

swissinfo.ch reúne en esta columna una selección de textos escritos por personas ajenas a la redacción. En ella publicamos los puntos de vista de expertos, líderes de opinión y observadores sobre temas de interés en Suiza con el fin de alimentar el debate.

Cuando una empresa quiebra, canjear la deuda por acciones es una solución justa y eficiente. El procedimiento análogo para Grecia es convertir la deuda soberana en bonos indexados al PIB. Si Grecia va bien, sus acreedores recuperarán más dinero; en el caso contrario, menos. Ambas partes tendrían un incentivo de peso para aplicar políticas que favorezcan el crecimiento.

Rara vez las elecciones democráticas dan un mensaje tan claro como en Grecia. Si Europa rechaza la petición de los electores griegos para cambiar de rumbo, es como si dijera que la democracia no es importante, al menos no lo es cuando se trata de asuntos económicos. ¿Por qué no se anula la democracia, tal como lo hizo Terranova cuando entró en suspensión de pagos antes de la Segunda Guerra Mundial?

Confiemos en que se impongan quienes entienden cómo funcionan la deuda y la austeridad en la economía, y creen en la democracia y los valores humanos. Queda por ver si así será.

(Este artículo se publicó primero en el portal Project SyndicateEnlace externo)

Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos

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