Acompáñanos en la mesa, Fernando
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Llegados a Suiza sobre todo entre los años 70 y 80, los inmigrantes portugueses trajeron consigo el amor al fútbol y las nostalgias de la patria.
El vínculo con el país de origen es muy fuerte incluso a miles de kilómetros de distancia.
«No te hagas el portugués», se dice a quien trata de entrar a un cine o de subirse a un tranvía sin pagar. ¿Significa esto que los portugueses son personas particularmente proclives a tal tipo de comportamiento?
Navegando en Internet, en un portal de proverbios, se puede comprender que de ningún modo es así. Aparentemente el dicho surgió en 1700 durante una ceremonia de recibimiento organizada en Roma por el embajador de Portugal que autorizó el libre acceso a sus compatriotas. El resultado fue que todos se hicieron pasar por portugueses para no tener que pagar el ingreso.
Pero dejando momentáneamente el pasado para entrar en la realidad helvética actual puede decirse que con sus 160.000 miembros, los portugueses representan la comunidad extranjera más importante en Suiza, después de los italianos y los serbio-montenegrinos.
En Suiza, después de la Revolución
La inmigración portuguesa es relativamente reciente. Los primeros trabajadores llegaron a Suiza en los años sesenta respondiendo a la demanda de mano de obra en los sectores de la hotelería, la construcción y la agricultura.
El flujo migratorio se desenvolvió de modo significativo durante la década siguiente, especialmente después de la caída del régimen fascista de Salazar (Revolución de los Claveles, en 1974) y de la ruina del imperio colonial.
La atribución de la independencia a las colonias portuguesas en África condujo a la llegada al país del Atlántico de más de 500.000 refugiados. «No todos lograron insertarse en la economía local, de modo que muchos emigraron incluso a Suiza», explica António da Cunha.
El hijo del fundador, en Ginebra, del tradicional ‘Le Portugais’, primer restaurante lusitano de Suiza, se dio cuenta de la transformación de aquel momento observando su clientela. «Antes de la Revolución prácticamente no había un portugués en nuestras mesas. Después apareció un fuerte flujo y 90% de los clientes eran compatriotas míos», cuenta Fernando Martins.
La inmigración –indica Cunha-, continuó masivamente en los años ochenta e incluso cambió de perfil. Los nuevos inmigrantes se distinguían de sus predecesores por una mejor formación escolar. Venían más del ambiente urbano que rural.
La pasión por el fútbol en la maleta
Considerados con desconfianza en el pasado, los portugueses están hoy bien ajustados a la sociedad suiza. Sin embargo, no se puede decir que están bien integrados.
Los jóvenes, por ejemplo, enfrentan un ambiente profesional discriminatorio. La tasa de desempleo entre ellos es particularmente alta y el acceso a las profesiones calificadas sigue siendo difícil.
António da Cuhna, que también es presidente del Foro para la Integración de los Inmigrantes (FIMM) habla de una «existencia invisible» cuando describe la falta de participación de los portugueses en la vida social, civil y política de Suiza.
«Si, de un lado, es lícito denunciar la discutible política de integración adoptada por Berna; de otro, también es verdad que la comunidad portuguesa se vuelca con frecuencia sobre sí misma, confinada en sus vínculos familiares y con varias asociaciones. Entre ellas las deportivas, como dan testimonio los numerosos equipos de fútbol que llevan el nombre de célebres clubes lusitanos como Benfica, Sporting y Porto. El amor por el fútbol vino junto con las ropas en las maletas del inmigrante», explica el profesor Cuhna.
«El movimiento asociativo refleja el apego de los portugueses a sus raíces en una especie de retorno simbólico al país», añade el presidente del FIMM.
El mito del retorno
Incluso a miles de kilómetros de distancia ese apego a las raíces es muy fuerte y numerosos expatriados portugueses cultivan, desde hace mucho tiempo, el sueño de regresar a la tierra natal.
Son sobre todo los hombres quienes sufren de la ‘saudade’ (nostalgia) de la casa. «En realidad las mujeres generalmente no quieren regresar, del mismo modo que los jóvenes de la segunda generación», afirma Cuhna.
Por el momento el sueño del retorno es algo para dejar guardado. Portugal atraviesa una profunda crisis económica y los nuevos inmigrantes que llegan superan en número a los que regresan.
La Oficina Federal suiza de las Migraciones indica que después de los inmigrantes de nacionalidad alemana, los ciudadanos portugueses registraron en 2004 un notable aumento, con casi 10.000 nuevos inmigrantes llegados a Suiza.
Esto quizás sea para satisfacción de Fernando Martins que podrá aumentar de este modo el número de mesas de su restaurante.
Swissinfo, Luigi Jorio
(Traducción: J.Ortega)
159.737 portugueses (sin doble nacionalidad) residían en Suiza a finales del año 2004.
110.312 en 1990.
18.943 en 1980.
3.632 en 1970.
La gran mayoría de la comunidad portuguesa se concentra en los cantones suizos de Vaud y Ginebra.
5.600 portugueses residen en el cantón del Tesino.
En Suiza hay más de 130 asociaciones portuguesas a las cuales se añaden un centenar de agrupaciones del país y numerosos clubes deportivos.
Periódicamente, en casi todas las localidades suizas, grupos lusitanos animan festivales y eventos musicales.
Fuera de Portugal, Ginebra es una de las ciudades del mundo que cuenta con mayor número de inmigrantes portugueses por metro cuadrado.
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