“No estoy cansada, sino excitada cuando pienso en el concurso”, dice Kana, después de 18 horas de viaje. Natsuka asiente.
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"Les digo a Kana y Natsuka que no se dejen estresar. Lo más importante es que aprovechen al máximo las clases que imparten los mejores profesionales presentes en el Prix y aprendan de la danza europea", asegura Miwa.
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Natsuka: "Vuelvo del colegio sobre las 16 horas, como rápido algo ligero y comienzo la clase de ballet a las 18.30 horas, hasta las 22 horas, todos los días."
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Natsuka: “Me suelen decir a menudo que mi danza es pura y limpia. Me encantaría preservar este estilo.”
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Kana: “Comencé las clases de ballet a los 8 años con mi hermana. Ella lo dejó, pero yo he seguido.”
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Kana: “Mis compañeros me admiran porque ya he elegido lo que quiero ser.”
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Natsuka: “Estaba en el baño cuando escuché exclamar a mi madre: ‘¡Natsuka, estás seleccionada!’ Acababa de encontrar mi nombre en Internet. Yo no me lo podía creer.
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Kana: “Me emocioné al ver las salas de baile del Teatro Beaulieu, que solo conocía en foto o televisión.”
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Natsuka: “Miwa siempre nos dice que tenemos que sonreír, pero con los ojos bien abiertos. Es muy difícil.”
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Natsuka: “Las bailarinas europeas son muy bonitas, tienen las piernas más largas que nosotras… y parecen tener mucha confianza en sí mismas.”
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Kana: «On savait que le dossard du concours est en papier grâce à un manga que nous avons lu dont l’histoire est basée sur le Prix. Et c’est vrai! J’espère qu’il ne va pas se déchirer pendant que je danse.»
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24 de enero, 22 horas. Kana Arai y Natsuka Abe, de 16 años, llegan a Lausana acompañadas de Miwa Horimoto, la directora de la escuela Acri-Horimoto Ballet Academy, en Saitama. “No estoy cansada, sino excitada”, dice Kana, después de 18 horas de viaje. Reportaje de swissinfo.ch.
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Thomas Kern nació en Suiza en 1965. Formado como fotógrafo en Zúrich, comenzó a trabajar como fotoperiodista en 1989. En 1990 fundó la agencia suiza de fotografía Lookat Photos. Thomas Kern ha ganado dos veces un World Press Award y ha recibido varias becas de fotografía. Sus trabajos han sido objeto de múltiples exposiciones y están representadas en diversas colecciones.
De los 71 bailarines que participan este año en el Prix de Lausanne 21 son japoneses. Desde hace varios años son la nacionalidad más representada. “Se debe a que Japón, aunque tiene muchas escuelas de alto nivel, carece de compañías en las que los bailarines perciben un salario como en Suiza. Los japoneses tienen que salir del país para emprender una carrera profesional y el Prix es, sin duda, el mejor trampolín para conseguirlo”, explica Miwa, antigua bailarina del Teatro de Basilea.
Hace diez años que Miwa acompaña a sus alumnas al Prix de Lausanne, cosa que la llena de orgullo. La madre y la abuela de Natsuka hicieron ballet. Ella comenzó las clases a la edad de tres años “de la forma más natural” y quiere ser bailarina profesional. “Mi sueño es ir a la Royal Ballet School de Londres”.
Al igual que el resto de los concursantes, Kana ha preparado una variación clásica y otra contemporánea, ‘La Consagración de la Primavera’ donde se transforma en animal. “Trato de imaginarme qué siente alguien a punto de morir: su miedo y angustia”, relata. La meta de Kana es ingresar en la Royal Winnipeg Ballet School de Canadá. “Sé que me resultará muy difícil volver a Japón si logro ser bailarina profesional, pero es lo que quiero y me he hecho a la idea”.
“El Prix de Lausanne es también uno de los mejores escenarios para cruzarse con un reputado director de ballet”, subraya Miwako. Natsuka y Kana escuchan atentamente a su profesora pero, en este momento, no tienen cabeza para pensar en otra cosa que no sea el concurso, que comienza dentro de dos días.
(Fotos: Thomas Kern, swissinfo.ch; texto: Kuniko Satonobu, swissinfo.ch)
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