Stellantis minimiza el daño arancelario de Trump en Italia ante «problema norteamericano»
Roma, 3 abr (EFE).- El grupo automovilístico Stellantis, nacido de la fusión de las antiguas Fiat, Chrysler y PSA, no teme el impacto en sus plantas en Italia de los aranceles del 25% para los automóviles importados por EE.UU. que han entrado en vigor este jueves, aunque lo ve como «un problema norteamericano».
«En 2024 exportamos a Norteamérica menos de 20.000 coches desde Italia. Está claro que no es un número altísimo y que el problema es norteamericano, para México y Canadá», apunta a EFE una fuente en Italia de esta multinacional, considerada el cuarto constructor de vehículos del mundo.
Su dimensión global expone al grupo a los aranceles para el sector del automóvil impulsados por el presidente de EEUU., Donald Trump, que también ha anunciado un arancel global del 10 % para todos los productos de la mayoría de países y que, en algunos casos, como China o la Unión Europea (UE), será todavía mayor.
En Norteamérica -EE.UU., México y Canadá- Stellantis tiene un peso enorme: en 2024 facturó 63.450 millones de euros, entregó 1,4 millones de vehículos y dio empleo a unas 75.000 personas.
Sin embargo, de estos, a las carreteras estadounidenses solo llegaron unos 20.000 coches ensamblados en sus once factorías en Italia, sobre todo Fiat 500 eléctrico, Alfa Romeo Stelvio, Giulia o Tonale o el utilitario Dodge Hornet.
Por contra, la gran parte de la producción de Stellantis en esta región se asienta en su potente ‘brazo’ americano, heredado sobre todo de la antigua Chrysler, que la convierte en miembro del grupo de los ‘Big Three’ junto a la General Motors y Ford.
En EE.UU. cuenta con una inmensa red productiva basada en 16 factorías en Michigan, Indiana y Ohio con 52.000 trabajadores, respaldada por plantas estratégicamente situadas al otro lado de las fronteras, en Canadá y México.
Y esa es la parte problemática del jaque arancelario de Trump, la aplicación de un impuesto en cada coche o componente que accederá al mercado estadounidense desde las factorías mexicanas y canadienses.
Por esa razón, lo más importante para el grupo es la «claridad», la «estabilidad» y que exista «un contexto normativo predecible», insisten las fuentes italianas.
El responsable de Transportes del sindicato FIOM-CGIL, Samuele Lodi, cree que el impacto de esta guerra comercial en la cadena de Stellantis en Italia será «marginal», pero podría acentuar el «lento e inexorable» desinterés del coloso por este país, antaño bastión de la Fiat de la familia Agnelli.
Como ejemplo explica que Stellantis produjo en Italia 283.000 coches en 2024, el mínimo histórico desde 1956, a pesar de que posee capacidad para montar alrededor de dos millones de vehículos.
Lo que más preocupa en Italia es el impacto en las muchas empresas que, en el norte del país, fabrican componentes electrónicos y mecánicos para ser vendidos a constructores de Alemania que, a su vez, exportan a EE.UU.
El presidente de Stellantis, John Elkann, presionó a Trump para que retrasara un mes los aranceles, hasta hoy, y el pasado lunes volvieron a reunirse, pero para hablar del deseo del político de ser menos rígido con las emisiones.
Por otro lado, los aranceles llegan en tiempos de crisis para el antaño puntero sector del motor italiano. En 2024 se fabricaron en Italia unos 310.000 automóviles, un 42,8 % menos interanual, según la Asociación de la Industria Automovilística (ANFIA).
Otra de las marcas emblemáticas italianas es Ferrari, que en 2024 vendió en todo el mundo 13.752 coches de lujo, un 1 % más que el año anterior. El continente americano fue su segundo mercado, tras Europa, con 4.003 vehículos, lo que será susceptible al arancel.
Por ahora, Ferrari ha respondido a la introducción de estas tasas con un aumento del precio de varios de sus modelos en Estados Unidos. EFE
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